El barril inagotable, cuento noruego.

noviembre 30, 2008

         

 

Ayer  me acordé de un libro que me leí hace tiempo, El viento del norte, en el se reunen una abundante muestra de cuentos tradicionales de los países escandinavos. Este libro me gustó mucho, primero por sus imágenes y dos porque a pesar de que muchos de ellos tienen final feliz, no son los típicos cuentos de hadas madrinas. Conocí de los trolls por una hija de intercambio de estudiantil de Noruega, que tuve en mi casa por un año y me interesó mucho compartir con ella sobre sus tradiciones.
Aqui les  dejo con un cuentos, no es el  mejor, pero si uno de los mas cortos

                                                         El barril inagotable

En una granja, no muy lejos de Rosküld, vivía un hombre. Se llamaba Peter Andersen. Detrás de su casa había una verde colina que, aparentemente, no tenía nada extraodinario. Pero la gente que pasaba cerca de ella oía a veces golpes muy fuertes.

-La montaña cruje- decían.

Y se iban lo más deprisa posible, ¡porque nunca se sabe! Pero ignoraban que en la colina vivían unos hombrecitos muy trabajadores: los trolls de la montaña, que durante el día, con pequeñas linternas, extraían la piedra.
Ni siquiera el campesino Andersen sabía nada de sus vecinos y nunca les había visto. Hay que precisar que los trolls jamás salían durante el día y los vecinos jamás salían por la noche: ¡sobre todo en semejante lugar! Un hombre honrado duerme por la noche y no se dedica a pasear por las colinas.


Una vez, el ruido en la colina fue especialmente fuerte. Los trolls celebraban una boda y, naturalmente, como en todas las bodas, bebieron mucho y comieron hasta hartarse. Pero hacia medianoche se dieron cuenta de que se les había acabado la cerveza. Miraron de nuevo los barriles, pero estaban vacios. ¿Qué hacer? Todavía era un poco pronto para terminar la fiesta.

-Intentaré solucionarlo- digo un troll, y se dirigió hacia la granja más cercana.

Los habitantes de la granja dormían y todo estaba oscuro. Pero el troll no dudó mucho rato y llamó ligeramente a la primera ventana. Por casualidad era la habitación donde dormía el campesino. Cuando éste oyó el ruido, saltó de la cama, abrió la ventana y exclamó:

-¿Quién es?¿A quién lleva el diablo tan tarde en la noche?

-No te enfades, Peter Andersen. Me he permitido despertarte porque celebramos una boda y nos hemos quedado sin cerveza- explicó amablemente el troll-. ¿No podrías prestarme un barril de cerveza? Te lo devolveré inmediatamente después de la boda.

-Pero ¿quién eres? ¿Y dónde vives?- preguntó el campesino, todavía un poco adormilado.

-Soy tu vecino, el troll de la montaña, y vivo en la colina verde que está detrás de tu casa.

-¡Muy bien! Me alegro mucho de poder conocer a mi vecino. Pero estoy seguro de que si no hubieras necesitado cerveza, nunca hubiera tenido la posibilidad de verte. Ve a mi bodega y coge el barril que necesites- dijo amablemente Peter Andersen, luego bostezó y volvió a acostarse.

El troll eligió en la bodega un barril de cerveza y lo llevó a los invitados. Y la alegre fiesta continuó.
Unos días más tarde, a medianoche, el troll llamó de nuevo a la ventana.

-Soy yo, tu vecino, el troll de la montaña. Te traigo el barril de cerveza que me prestaste hace unos días. Lo he metido directamente en la bodega. Muchas gracias, te estoy muy agradecido.

-Bueno, bueno- dijo el campesito bostezando, y quiso cerrar la ventana, pero el troll continuó:

-Querido vecino, has sido muy amable conmigo; has sido muy amable al prestarnos el barril de cerveza y queremos recompensarte. El barril que te he traído es inagotable: puedes sacar cerveza sin parar y la cantidad que quieras, jamás se quedará vacío. Pero te lo advierto: nadie debe mirar dentro. ¡No lo olvides!

-¡Bueno, bueno, gracias!- dijo Peter Andersen, y, como estaba medio dormido, no se dio cuenta en ese momento de hasta qué punto era precioso el regalo que había recibido de los trolls de la montaña.
Desde entonces en la granja sólo se bebió cerveza de los trolls. Todo el mundo tenía derecho a probarla gratis. y el tonel resultó realmente inagotable. El campesino y sus criados estaban muy contentos y a ninguno de ellos se le ocurrió jamás la idea de mirar en el interior.
Un día, el campesino contrató una nueva sirvienta. Trabajaba bien, pero era muy curiosa. En una ocasión, el campesino la mandó a buscar cerveza a la bodega y ella quiso saber cuánta quedaba todavía en el barril. Abrió la tapa, se asomó al barril y gritó horrorizada: el barril estaba lleno de sapos, lagartos y serpientes.
La sirvienta abandonó inmediatamente la bodega y fue a anunciar la mala noticia al campesino. Este bajó a su vez a la bodega, para ver lo que había pasado: encontró el barril vacío. Se acordó entonces de lo que el troll le había aconsejado y se enfadó con la sirvienta. Pero no sirvió de nada, porque nunca más salió una sola gota de aquel barril.
 

 

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