Felices Pascuas

marzo 19, 2008

  

 Dia de Resurreción o  Pascua


El Domingo de Resurrección es la fiesta más importante para

 

todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús es

 

cuando adquiere sentido toda nuestra religión.

Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo.

 

En la Misa dominical recordamos de una manera especial esta gran alegría.

 

Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado

 

y que permanecerá prendido hasta el día de la

 

Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también

 

nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.

En la resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana:

 

si Jesús está vivo y está junto a nosotros, ¿qué podemos temer?,

 

¿qué nos puede preocupar?

En algunos países, se acostumbra celebrar la alegría de la Resurrección

escondiendo dulces en los jardines para que los niños pequeños

los encuentren, con base en la leyenda del “conejo de pascua”.

La costumbre más extendida alrededor del mundo, para celebrar l

a Pascua, es la regalar huevos de dulce o chocolate a los niños y a los amigos.

A veces, ambas tradiciones se combinan y así, el buscar

los huevitos escondidos simboliza la búsqueda de todo cristiano de Cristo resucitado.


 

La tradición de los “huevos de Pascua”

El origen de esta costumbre viene de los antiguos egipcios, quienes

acostumbraban regalarse en ocasiones especiales, huevos

decorados por ellos mismos.

Los decoraban con pinturas que sacaban de las plantas

y el mejor regalo era el huevo que estuviera mejor pintado.

Ellos los ponían como adornos en sus casas.

Cuando Jesús se fue al cielo después de resucitar, los primeros

cristianos fijaron una época del año, la Cuaresma, cuarenta días antes

de la fiesta de Pascua, en la que todos los cristianos debían

hacer sacrificios para limpiar su alma.

Uno de estos sacrificios era no comer huevo durante la Cuaresma.  

Entonces, el día de Pascua, salían de sus casas con canastas de

huevos para regalar a los demás cristianos.

Todos se ponían muy contentos, pues con los huevos

recordaban que estaban festejando la Pascua, la Resurrección de Jesús.

Uno de estos primeros cristianos, se acordó un día de Pascua,

de lo que hacían los egipcios y se le ocurrió pintar los huevos que iba a regalar.

A los demás cristianos les encantó la idea y la imitaron.

Desde entonces, se regalan huevos de colores en

Pascua para recordar que Jesús resucitó.


Poco a poco, otros cristianos tuvieron nuevas ideas,

como hacer huevos de chocolate y de dulce para regalar en Pascua.

Son esos los que regalamos hoy en día.

Leyenda del “conejo de Pascua”

Su origen se remonta a las fiestas anglosajonas pre-cristianas,

cuando el conejo era el símbolo de la fertilidad asociado a la diosa Easter,

 a quien se le dedicaba el mes de abril. Progresivamente, se fue

 incluyendo esta imagen a la Semana Santa y, a partir del siglo XIX,

se empezaron a fabricar los muñecos de chocolate y azúcar

en Alemania, esto dio origen también a una curiosa leyenda que

cuenta que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que les había

dado José de Arimatea, dentro de la cueva había un conejo escondido,

que muy asustado veía cómo toda la gente entraba,

lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto.

El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando

pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía

preguntándose quien sería ese Señor a quien querían tanto todas las personas.

Así pasó mucho rato, viéndolo; pasó todo un día y toda una noche,

cuando de pronto, el conejo vio algo sorprendente:

Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto.

Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y

Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca!

El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió

que tenía que avisar al mundo y a todas las personas

que lloraban, que ya no tenían que estar tristes porque Jesús había resucitado.

Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió

que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje

de vida y alegría y así lo hizo.


Desde entonces, cuenta la leyenda, el conejo sale cada Domingo de

 Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordarle

al mundo que Jesús resucitó y hay que vivir alegres.
 

La costumbre de esconder huevos pintados en el campo o

en los jardines de las casas, para la alegría y regocijo de los niños

que los encuentran, se sigue manteniendo en muchos países,

entre ellos Estados Unidos.

Curiosamente en los jardines de la Casa Blanca el día de Pascua

se desarrolla una singular carrera de chicos que hacen rodar los huevos.

Gana quien llegue más lejos y sin romperlos.

Hay huevos famosos, unos por su gran tamaño, otros por su originalidad.

Como el que le obsequió Luis XV a Madame Du Barry que

estaba completamente recubierto de oro.

Un caballero de la corte exclamó:

"¡Si lo comes pasado por agua, yo guardaré la cáscara!".

El rey también obsequiaba entre sus cortesanos huevos pintados o grabados.

Watteau, Lancret y Boucher llegaron a realizar en ellos verdaderas obras de arte.

En el museo Lambinet, en Versailles, se encuentran dos huevos que se

consideran una maravilla y que fueron regalados

el día de Pascua a Madame Victoria, tía de Luis XVI.

Todo comienza en Semana Santa y culmina con el Domingo de Pascua,

que se presenta como una de las más importantes fiestas religiosas.

Más allá de los días no laborables, los kilos de chocolates que se comen,

los conejos y las roscas típicas, la Pascua tiene una historia digna de ser contada.

En esta semana se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Con el Domingo de Ramos se evocó la entrada de Cristo en Jerusalén.

Según la fe católica, el pueblo judío le dio la bienvenida agitando ramos de olivo.

Las tradiciones en esta fiesta han ido variando con el correr de los siglos

hasta llegar a convertirse, para la gran mayoría de la gente,

en una semana donde no se trabaja y se comen los famosos huevos de Pascua.

De hecho, el Domingo Santo es uno de los dos días del año en el

que se consume más chocolates (el otro es la Navidad).

Un elemento infalible en la Pascua es el tradicional Huevo de Chocolate,

relleno con confites y algunas sorpresas que generalmente es un Juguete,

sin embargo no siempre los huevos fueron de Chocolate,

ni siquiera tuvieron confites o sorpresas.

Regalar huevos decorados es una costumbre que se

originó en Europa y Medio Oriente antes del cristianismo.

En el antiguo Egipto y en Persia los amigos intercambiaban

huevos decorados cuando comenzaba la Primavera,

como símbolo del renacer de la naturaleza.

En Roma las mujeres embarazadas cargaban con un

huevo porque se creía que con él podrían conocer el sexo del niño al nacer.

Como la Primavera Europea prácticamente coincide con la Pascua,

el huevo pasó a ser el signo del renacer de Cristo; la resurrección.

 En la Edad Media se universalizó el uso de los huevos de pascua con este sentido.

En algunos países europeos, los huevos se decoran

el Jueves Santo y se rompen el Domingo.

 La cáscara representa la tumba en la que Jesús estuvo sepultado,

y es por eso que el huevo se quiebra el domingo de Pascua,

pues Cristo resucitó y salió de su sepulcro.

También existe un juego donde se hacen rodar

los huevos por el pasto tratando de no romperlos y

está relacionado con rodar la piedra que cubría la tumba de Jesus.

 

 

 

 

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